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Magia Gatuna con Mayúsculas
Me ha pasado una cosa tan singular que voy a compartirla con vosotros/as. Resulta que, como sabéis, en el patio de mi casa comen muchos gatos del barrio. Como viajo mucho, suelo tratar de evitar que entren al interior de mi casa. Pero a veces se cuela uno de ellos.
Acababa de darles de comer y, al entrar, vi como uno de los peques subía por la escalera. Fue listo porque se metió en el lado de la derecha. Subí y comencé a buscarlo, pero nada. Cada rincón, cada resquicio, todos y cada uno de los lugares los miré con lupa varias veces. Y nada.
Como estaba muy seguro de que se había metido al lado derecho, pero pude descuidarme en algún momento, me tomé la molestia también de mirar el lado izquierdo de la casa. Tampoco hubo suerte.
Era tarde. Me fui a dormir, pero justo antes, me entró el gusanillo, me sentía herido en mi orgullo de buscagatos y realicé otra batida en todas partes, mirando de nuevo cada milímetro y el resultado fue igual de desalentador.
Por la mañana no le presté mucha atención al tema. No oí en ningún momento ningún síntoma, ni un sólo sonido que me sirviera de pista. Llegó el mediodía y salí fuera a dar de comer. Los llamé con mis palabras mágicas: “¡Que ríiiiiiíco!” que no fallan nunca. Con la puerta de la calle abierta, entre y subí de nuevo y abrí todas las puertas y repetí mi llamamiento a los felinos que tuvieran hambre.
Entonces apareció. Como un buen mago, la gatita Blanquilla, que tiene nombre de tipo de azúcar, salió con los bigotes llenos de pelusa. Había subido al lado derecho, efectivamente, pero en un descuido había pasado al lado izquierdo. Se había metido bajo un viejo armario que tiene roto un cajón y sólo tiene fondo en medio cajón, así había entrado al cajón del armario siendo invisible para mí desde fuera, con la misma picaresca que podía haber utilizado un mago ![]()
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